Queridos hermanos, el pasaje
del evangelio de hoy (Jn 8, 1-11) se ha tornado un clásico a lo largo de la
historia. Porque la actitud de Jesús que circunstancialmente se encuentra en
medio de una mujer adúltera y quienes la querían juzgar, los interpeló en aquel
entonces y a nosotros también, hoy.
Nos propone un examen de conciencia cabal y
sincero, para que deduzcamos cuantas veces hemos prejuzgado al prójimo sin
pensar siquiera si estamos en condiciones de hacerlo.
Las palabras de Jesús “aquel
que no tenga pecados, que tire la primera piedra”, nos frena el impulso
acusador. Además, le hemos otorgado la oportunidad de defensa? porque tampoco lo hicieron los acusadores de aquel entonces. Pensemos que independientemente
de las causas que la llevaron a esa situación, fue tan débil como yo lo soy ahora, tan
pecadora como yo, y tan necesitada de Jesús como yo.
En esta quinta semana de cuaresma,
en preparación al próximo domingo de Ramos, nos preparamos con una oración interior,
pidiendo a Dios por nuestra conversión y por la de nuestra comunidad, para
vivir conforme a los valores evangélicos, que nos llaman a la reconciliación conmigo
mismo, con mis seres queridos que son los más próximos y con aquellos alejados
de mi por haberlos prejuzgado.
Que nuestra santísima Madre nos
ayude en estos momentos de zozobra por la pandemia y nos haga brotar del corazón
las mejores intenciones para que conviertan en las mejores acciones a favor de
los demás. Bendiciones para todos
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