lunes, 23 de marzo de 2020

Reflexión del Evangelio 23-3-2020


En tiempos de Jesús, la Judea estaba bajo dominio del Imperio Romano, por eso era común que las tropas estuvieran a cargo de jefes militares o funcionarios llamados reales porque estaban bajo el régimen de un rey (posiblemente Herodes). No necesariamente eran personas religiosas pero en este caso encontramos en este funcionario una persona de fe.

Confluyen así tres factores o circunstancias, una persona enferma gravemente, una persona de fe y Jesús. Nos preguntamos, cuantas veces nos hemos encontrado en esa misma circunstancia?. Cuanta fe hemos puesto para interceder por alguien? Si Jesús fuera alguien distante no tendría sentido tener fe, pero si Él está siempre presente, porque está a la “vuelta de nuestro corazón”, la plegaria seguramente llegará a su infinita misericordia. Después nuestra esperanza descansará en su Voluntad, y lo que Dios Padre decida, será lo mejor para nosotros y para los que nos rodean.

Ante la insistencia Jesús reacciona y le confirma la sanación del hijo del funcionario. La distancia entre Caná de Galilea y Cafarnaúm es de casi 40 Km, por lo que demoraron en reencontrarse con su hijo. Allí le dijeron que el joven mejoró a la hora séptima que sería la una de la tarde, coincidiendo con el momento en que Jesús le aseguró que sanaría.

Nuestra historia como cristianos es la historia de nuestra fe y de cuanto amor despertó el sabernos amados por nuestro Señor. La actitud del bautizado es un permanente estado de agradecimiento al Padre providente por todos los bienes recibidos. Aprovechemos este tiempo de cuaresma para meditar sobre la Palabra de Dios, fuente de sabiduría y de paz.



1 comentario:

  1. Gracias por ayudarnos a reflexionar y a posicionarnos geográfica e históricamente en la palabra.

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