En tiempos de Jesús, la Judea
estaba bajo dominio del Imperio Romano, por eso era común que las tropas
estuvieran a cargo de jefes militares o funcionarios llamados reales porque
estaban bajo el régimen de un rey (posiblemente Herodes). No necesariamente eran
personas religiosas pero en este caso encontramos en este funcionario una
persona de fe.
Confluyen así tres factores o
circunstancias, una persona enferma gravemente, una persona de fe y Jesús. Nos
preguntamos, cuantas veces nos hemos encontrado en esa misma circunstancia?.
Cuanta fe hemos puesto para interceder por alguien? Si Jesús fuera alguien
distante no tendría sentido tener fe, pero si Él está siempre presente, porque
está a la “vuelta de nuestro corazón”, la plegaria seguramente llegará a su infinita
misericordia. Después nuestra esperanza descansará en su Voluntad, y lo que
Dios Padre decida, será lo mejor para nosotros y para los que nos rodean.
Ante la insistencia Jesús
reacciona y le confirma la sanación del hijo del funcionario. La distancia
entre Caná de Galilea y Cafarnaúm es de casi 40 Km, por lo que demoraron en
reencontrarse con su hijo. Allí le dijeron que el joven mejoró a la hora
séptima que sería la una de la tarde, coincidiendo con el momento en que Jesús
le aseguró que sanaría.
Nuestra historia como
cristianos es la historia de nuestra fe y de cuanto amor despertó el sabernos
amados por nuestro Señor. La actitud del bautizado es un permanente estado de
agradecimiento al Padre providente por todos los bienes recibidos. Aprovechemos
este tiempo de cuaresma para meditar sobre la Palabra de Dios, fuente de
sabiduría y de paz.

Gracias por ayudarnos a reflexionar y a posicionarnos geográfica e históricamente en la palabra.
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