martes, 24 de marzo de 2020

Reflexión del Evangelio 24-3-2020


Reflexión del evangelio 24-3-2020

Queridos hermanos, hoy para nuestro país es feriado nacional en Memoria por la Verdad y la Justicia.   Fue la parte de nuestra historia que como país, no quisiéramos volver a vivir, por las consecuencias sociales, políticas y económicas que tuvo. Utilizando palabras similares y como lectura de la historia, los católicos tenemos el compromiso espiritual y real de honrar y adorar a Dios, que es en realidad Verdad y Justicia, especialmente en este tiempo de cuaresma en que el mundo vive una situación particular por la pandemia, un flagelo que se extiende sin respetar clases sociales, edades, religiones, ni fronteras.

En el evangelio de hoy Jesús se cruza con un enfermo de hace muchos años y le pregunta si quiere sanarse. Él le comenta de la imposibilidad de acercarse al agua de la piscina donde se sanaría, sólo por estar en contacto con el agua que tenía propiedades curativas. El enfermo no relacionó la pregunta con la posibilidad de que Jesús mismo lo curara. Para él era una persona cualquiera que le hacía una pregunta más.

Jesús es el agua viva y sanadora que no solo curó al enfermo por propia iniciativa en aquella oportunidad, sino que también es quien se cruza con nosotros en algunos momentos de nuestra vida y nos propone, una y otra vez, sanarnos de nuestras enfermedades: egoísmo, vanidad, soberbia, y cuantas más. Y nosotros pensamos que nuestra cura o solución es que se cumplan nuestros deseos: que mi esposa/o me ame tal cual soy, que mis jefes laborales reconozcan mis talentos y me asciendan,  que mis hijos adolescentes sean puros y obedientes, que me familia y yo estemos sanos y seamos deportistas, que tenga capacidad de ahorro para poder cambiar el auto, en fin, que nos podamos acercar a la pileta de nuestras apetencias personales.

No pensamos que la salud y la vida están en Jesús,  que en Él encontramos la fortaleza a nuestras debilidades y frustraciones, que Él nos pide oración y confianza en este tiempo de pandemia que coincidentemente ocurre en tiempo de cuaresma, tiempo de oración, de ayuno y limosna, que también es tiempo de recogimiento (cuarentena), de colaboración (quedarse en casa), de limosna (no acaparar cosas del super), de ayuno (no añorar las cosas que no se pueden hacer por el confinamiento).

Nada ocurre por casualidad. Todo tiene un orden establecido. Es Dios quien nos vuelve a preguntar si queremos ser sanados, pero por Él mismo, no por nuestras falsas creencias. La vida del cristiano es una vida de fe y de permanente agradecimiento por los dones recibidos. Sigamos en oración por nuestra patria terrenal, en espera de encontrarnos algún día en la celestial. Bendiciones.



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