viernes, 27 de marzo de 2020

Reflexión del evangelio 27-3-2020


Queridos hermanos, mientas esperamos gozosos la bendición Urbi et Orbi que el Papa Francisco impartirá hoy a todo el mundo, haciéndose eco del flagelo que azota al mundo por esta pandemia, nos internamos en la Palabra del evangelio, donde Jesús enseña. Aquella persona a quien sus contemporáneos llamaban maestro, durante su vida pública se dedica a enseñar, a transmitir la buena noticia, la venida del Reino, el perdón de los pecados, la salvación a todos los hombres, pero sin embargo no todos entienden ni aceptan ese mensaje. Igual que hoy. Es más, en estos tiempos se vuelve a poner en duda su presencia, su mensaje, su origen, su intención, como si las leyes económicas y financieras fueran las que gobiernan el mundo y sus circunstancias.

Si el hombre es tan dado de sí mismo, si se siente tan completo y autosuficiente, ¿por qué un ser tan diminuto, prácticamente invisible, ha producido tantas alteraciones e inconvenientes en los sistemas de salud, en las más importantes empresas de transporte del mundo, en las bolsas de comercio,  aun en el diario vivir y convivir de las familias, sin respetar edades, culturas, razas ni religiones?

Seguramente hay razones de estrategia y de inversión que no se han hecho, pero también para los católicos sucede que no se ha escuchado al verdadero maestro. Decimos que lo conocemos a Jesús pero no hacemos lo que nos dice, que lo urgente supera a lo importante y que nuestras propias razones siempre están primeras en la lista. Si no fuera así, por que se desobedece tanto las restricciones a la cuarentena?

En este tiempo de cuaresma, con una cuarentena impuesta por las circunstancias, volquémonos a la oración, al ayuno y a la limosna por tantas necesidades que están surgiendo. Sabremos decir así que hemos escuchado al verdadero maestro que es Jesús. Bendiciones.    

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