domingo, 22 de marzo de 2020

Reflexión del Evangelio 22-3-2020

Domingo 22 de marzo de 2020

Queridos hermanos, que nuestra vida sea un camino de agradecimiento a Dios Padre Creador porque hizo todo maravillosamente, empezando por la luz. No existiría el universo sin la luz. La vida sobre la tierra no se hubiera manifestado si no hubiera estado la luz desde el principio. Aun nuestro ser, hecho maravillosamente a imagen y semejanza de Dios necesita de la luz interior para poder discernir sobre los signos de los tiempos, y vaya que la necesitamos en estos momentos, en que las sombras de la muerte cubren algunas zonas de este bendito planeta por una pandemia, lejos de ser controlada y comprendida.

El evangelio nos invita a pensar que hay dos cegueras, una voluntaria y otra involuntaria. Ser ciego de nacimiento (involuntario) tiene una doble consecuencia: no sólo no ver las formas grandes (las pequeñas si, a través de las manos), sino que tampoco se le pueden enseñar los colores, porque sólo se aprenden por experiencia propia. Son intraducibles. La ceguera voluntaria es actitudinal y es propia del necio, una persona incapaz de reconocer como cierto lo que está viendo con sus propios ojos. Es incapaz de relacionar el hecho evidente por un preconcepto que le impide razonar libremente. Era el caso de los fariseos ante la evidente curación del ciego de nacimiento por parte de Jesús.  

¿Cuántas veces hemos tenido algún comportamiento similar a este tipo? Hay circunstancias externas que nos llevan a tomar decisiones que necesariamente las tamizamos a través de nuestros propios gustos o conveniencias. Pensemos en esta circunstancia de la pandemia. Por qué hay personas que desoyen la cuarentena, poniendo en riesgo su vida y la de las demás? Porque consideran su propia necesidad (ciega decisión) más importante que la salud de todos.
La salud es un don, un bien que proviene de Dios, pero también es frágil, y si bien la ceguera de nacimiento no es una enfermedad en sí, sino una incapacidad, la ceguera por necedad si es una enfermedad del alma y un pecado atentar contra la salud del otro.

Cuando Jesús le devuelve la vista, le abre las puertas a un mundo que él desconocía. Cuando aceptamos los preceptos de Dios y lo vivimos desde el corazón, tenemos una nueva visión del mundo, porque lo empezamos a ver como Dios lo ve.




4 comentarios:

  1. Exelente reflexion! Dios quiera que haya menos ciegos voluntarios..y puedan abrir su corazon para vivir en su amor!

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  2. Cuantas veces veaiamos y al alejarnos de SU camino hemos quedado ciegos, necios, olvidandonos que la vida sin El es un camino de oscuridad. Doy gracias porque siempre nos recibes y devuelves la vista cuando estamos perdidos. Dios nos Bendiga e ilumine en estos tiempos de oscuridad

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  3. Dios lo bendiga abundantemente! Gracias por la reflexión, por hacernos llegar la Gracia de Dios traducida en palabras sencillas.

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