Queridos hermanos, que nuestra
vida sea un camino de agradecimiento a Dios Padre Creador porque hizo todo
maravillosamente, empezando por la luz. No existiría el universo sin la luz. La
vida sobre la tierra no se hubiera manifestado si no hubiera estado la luz
desde el principio. Aun nuestro ser, hecho maravillosamente a imagen y semejanza
de Dios necesita de la luz interior para poder discernir sobre los signos de
los tiempos, y vaya que la necesitamos en estos momentos, en que las sombras de
la muerte cubren algunas zonas de este bendito planeta por una pandemia, lejos
de ser controlada y comprendida.
El evangelio nos invita a pensar
que hay dos cegueras, una voluntaria y otra involuntaria. Ser ciego de
nacimiento (involuntario) tiene una doble consecuencia: no sólo no ver las
formas grandes (las pequeñas si, a través de las manos), sino que tampoco se le
pueden enseñar los colores, porque sólo se aprenden por experiencia propia. Son
intraducibles. La ceguera voluntaria es actitudinal y es propia del necio, una persona
incapaz de reconocer como cierto lo que está viendo con sus propios ojos. Es incapaz
de relacionar el hecho evidente por un preconcepto que le impide razonar
libremente. Era el caso de los fariseos ante la evidente curación del ciego de
nacimiento por parte de Jesús.
¿Cuántas veces hemos tenido algún
comportamiento similar a este tipo? Hay circunstancias externas que nos llevan
a tomar decisiones que necesariamente las tamizamos a través de nuestros
propios gustos o conveniencias. Pensemos en esta circunstancia de la pandemia. Por
qué hay personas que desoyen la cuarentena, poniendo en riesgo su vida y la de
las demás? Porque consideran su propia necesidad (ciega decisión) más
importante que la salud de todos.
La salud es un don, un bien que
proviene de Dios, pero también es frágil, y si bien la ceguera de nacimiento no
es una enfermedad en sí, sino una incapacidad, la ceguera por necedad si es una
enfermedad del alma y un pecado atentar contra la salud del otro.
Cuando Jesús le devuelve la
vista, le abre las puertas a un mundo que él desconocía. Cuando aceptamos los
preceptos de Dios y lo vivimos desde el corazón, tenemos una nueva visión del
mundo, porque lo empezamos a ver como Dios lo ve.

comentario
ResponderBorrarExelente reflexion! Dios quiera que haya menos ciegos voluntarios..y puedan abrir su corazon para vivir en su amor!
ResponderBorrarCuantas veces veaiamos y al alejarnos de SU camino hemos quedado ciegos, necios, olvidandonos que la vida sin El es un camino de oscuridad. Doy gracias porque siempre nos recibes y devuelves la vista cuando estamos perdidos. Dios nos Bendiga e ilumine en estos tiempos de oscuridad
ResponderBorrarDios lo bendiga abundantemente! Gracias por la reflexión, por hacernos llegar la Gracia de Dios traducida en palabras sencillas.
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