Queridos hermanos, empezamos un
nuevo mes, en medio de la incertidumbre y preparándonos para vivir una Semana
Santa diferente, de tipo tecnológica, ya que estaremos participando desde
nuestras casas.
Nada de eso nos impide amar a Dios y dejarnos amar por El. No
disminuye el valor de lo que celebramos en esos días tan importantes para la
comunidad católica. Porque nos mueve una actitud de fe, que despierta en
nosotros la esperanza de que esta situación acabará en algún momento y
retornaremos a las actividades habituales.
Así era la esperanza que tenían los
judíos deportados en Babilonia. Deseaban volver a su tierra, a sus prácticas laborales y cultuales como en
los tiempos de paz. La diferencia es que ellos no estaban en sus hogares y nosotros si.
El mal que aqueja al hombre es
vivir en la incertidumbre. Al no conocer la verdad, se deja llevar por
circunstancias y conveniencias, que a veces lo lleva a cometer gruesos errores,
con consecuencias irremediables.
En el evangelio los judíos le comentan a Jesús
que ellos son hijos de Abraham y que su ley es la ley de Moisés. Jesús le dice
que saberse hijo de Abraham implica comportarse igual, o sea actuar con fe
conforme a la Palabra de Dios. Donde tenemos puesta nuestra fe en estos días? Me
dejo dominar por la pandemia? Creo en la Buena Noticia de Jesús que es la
verdad que me puede llevar a sentirme y ser libre? Creo y vivo el perdón de Jesús
que me libera de mi condición de esclavo del pecado?
Tengo la posibilidad en esta
cuaresma de elevar muchas plegarias a Dios para alcanzar la verdad con un corazón
contrito y humillado. Es tiempo favorable. Bendiciones para todos.
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